Las primeras lluvias nos trajeron una marea de agua dulce que todos necesitamos, pero también fuimos testigos de una marea de desperdicios, que desde los afluentes y ríos, nos llegó hasta el mar.  Nuestra triste realidad en la cual muchos son los villanos y pocos los héroes.

No escapamos de responsabilidad todos los ciudadanos comunes y corrientes, ni el comercio, ni tampoco la industria.  Lo cierto es que las rígidas disposiciones y normas recaen sobre aquellos que están expuestos y pueden fácilmente ser regulados, como la industria, que en pocos años ha hecho inversiones millonarias para hacer un uso apropiado de la energía e inclusive de sus materias primas, con el objetivo de reducir costos y ser competitivos; además, de reducir al máximo la cantidad de desechos y que las características de los mismos impacten en lo menos posible a nuestro entorno, cumpliendo normativas que muchas veces son incluso más exigentes que las de países mejor desarrollados.

En los últimos días, hemos sido nuevamente testigos  de cómo la ciudadanía ha mostrado su peor cara en momentos en que la naturaleza nos enseña cuan irresponsables hemos sido con ella.  Las autoridades y nosotros mismos hemos fallado en forzar medidas que nos lleven a clasificar nuestros desechos, disponerlos en una forma adecuada y que su recolección y procesamiento sean llevados a la reutilización práctica y económicamente viable para todos.

Aún hay esperanza.  Esos pocos héroes han mostrado hoy nuestra mejor cara. Iniciativas particulares como Eco-Sólidos en las cárceles de nuestra ciudad y el programa Costa del Este Recicla, dan muestras del empuje ciudadano para proteger nuestro entorno. También la recientemente aprobada iniciativa en la Asamblea Legislativa, en la cual se aprueba el uso de plástico reciclado para construir carreteras. En el sector industrial panameño, compañías como Macello, Melo, Productos Kiener y Productos Toledano, por mencionar algunas, han apostado a tratar sus desechos con tecnología de punta y ser empresas responsables con el ambiente.

Seamos partícipes del cuidado de la casa común que es nuestro planeta.  Pero seamos aún más cuidadosos con nuestra propia casa, Panamá.